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CAPÍTULO 1. ¡ADIVINA QUÉ VIENE
A CONTINUACIÓN!
Aptitud:
Predicción
Ejemplo:
Supongamos
que usted le está leyendo
a su hijo, por primera vez, el cuento de “Los
tres cerditos”. Existen muchas versiones
de este cuento. En una de las más conocidas,
el lobo feroz, que está decidido a cenar
cerdito, derrumba con un soplido la endeble casa
de paja del primer cerdito y, sin demora, se
engulle al dueño de la casa. Posteriormente,
el lobo decide que quiere una segunda ración.
Se encamina a la casa del segundo cerdito, la
cual está hecha de madera.
Pregunte: “¿Qué crees que
va a hacer ahora el lobo? ¿Piensas que
una casa de madera es más fuerte que una
de paja? ¿Qué hará el segundo
cerdito?”
Alabe al niño si predice con éxito.
Diga: “¡Muy bien! ¿Por qué pensaste
que iba a suceder eso?”
Si su hijo imagina una secuencia diferente, no
lo considere como un error. Diga: “Me gusta
tu idea, pero este es un cuento diferente. Veamos
qué sucede a continuación” (o
bien, decida si es un buen momento para retroceder
y buscar los indicios que se pasaron por alto).
Después, siga leyendo.
La casa de madera no es más fuerte que
la casa de paja, así que el lobo fácilmente
la derrumba con unos cuantos soplidos y se come
al segundo cerdito. Pero como el lobo aún
sigue hambriento, decide dirigirse a la casa
del tercer cerdito, la cual está hecha
de ladrillos.
Pregunte: “¿Qué va a hacer
el lobo ahora?, ¿crees que la casa de
ladrillos es más fuerte que la casa de
paja?, ¿piensas que el lobo podrá derrumbarla
a soplidos?, ¿qué crees que hará el
tercer cerdito?”
Después de que el niño adivine,
diga: “Sigamos leyendo para ver qué sucede.”
Al final del cuento, alabe al niño si
acertó en sus predicciones (“¡Estabas
en lo correcto!’), pero no lo critique si
menciona un final diferente: “Mira,
tiene un final distinto del que habíamos
pensado, ¡aunque tu idea también
era genial!”
Recuerde que no debe presionar demasiado si el
niño no está entendiendo la historia.
En esta situación, sería conveniente
que esperara unos cuantos meses antes de intentarlo
de nuevo.
CAPÍTULO 2. ¿QUÉ SIGNIFICA
ESTO?
Aptitud: enriquecer el vocabulario
Ejemplo:
Aun
el cuento más sencillo para niños
contiene palabras que los pequeños apenas
están descubriendo. Por ejemplo, en
Ricitos de Oro y los tres osos, cuando la hambrienta
Ricitos de Oro encuentra por casualidad la
casa
de los osos, descubre tres tazones con papilla
de avena.
Pregunte: “¿Puedes adivinar qué es
la papilla?”
Diga: “El cuento nos está dando
claves. La papilla está en un tazón.
Es algo para comer. Puede estar caliente, puede
estar fría, o quizá esté justo
en su punto. Recuerda que es hora del desayuno."
Elogie al niño si adivina que la papilla
es “algo que comen los niños pequeños” y
pídale que nombre diferentes clases de
papillas, ya sean dulces o saladas.
Si su niño sugiere espagueti, sopa, o
algún otro alimento, diga: “¡Muy
bien pensado! El espagueti o la sopa son calientes
y se comen en un tazón. La papilla de
avena es otra clase de alimento. Papilla significa
comida triturada, y la avena es un cereal. ¿Recuerdas
cuál era tu papilla favorita cuando eras
un bebé?”
Refuerce la nueva palabra. La siguiente vez
que vean comer a un bebé, háblele de
lo rica que debe estar esa papilla.
CAPÍTULO
3. VEAMOS LA DIFERENCIA.
Aptitud: identificar el material de lectura
Ejemplo:
Observe el siguiente poema de María Elena
Walsh, El vendedor de sueños:
Vendo
sueños con gusto a caramelo,
países raros, lentas maravillas,
á ngeles que dan cine por el cielo
y relámpagos para pesadillas.
Sueños
como trapitos de colores,
imágenes y muchas otras cosas.
Algunos tienen pájaros y flores.
Otros, infierno y brujas espantosas.
Sueños y sueños para todo gusto:
cajas de azufre, paquetitos rojos;
lágrimas o canción, amor o susto
para los niños que cierran los ojos.
Llevo
en mi cesta un mágico tesoro.
¡
A ver quién me lo compra, quién
me llama!
Dejan fuera su moneda de oro,
y mírenme pasar desde la cama.
Pregunte: “¿Cómo sabemos
que este es un poema?” (Porque rima.)
Explique que las rimas son las palabras que suenan
en forma semejante. (Después podrá explicar
que los poemas no necesariamente tienen que rimar,
como el poema de Rabindranath Tagore, que vimos
en el capítulo 2.)
Pregunte: “¿Conoces otro poema que
rime?” (Por ejemplo, Mamá gansa,
Arroz con leche y Acitrón, riman.) “¿Puedes
pensar en una palabra que rime con mar?” (Amar,
hallar, cantar...)
Diga: “Veamos si podemos elaborar otro
verso para este poema.” Empiece: “Vendo
sueños______.” (Por ejemplo: “Vendo
sueños del color del mar / o matizados
/ o varios colores. / Vendo ilusiones que no
hay que pagar...”)
Agreguen un nuevo verso cada vez que lean el
poema.
Cuando considere que su hijo esté preparado:
a)
Pídale que escriba su propio poema. Él
puede decidir si debe rimar o no.
b) Escriba los versos de su hijo y reléalos
la próxima vez que abran un libro de poesía.
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